COCINA

Exposición realizada en el marco de la actividad “Fe de Erratas: Arte político”. Seminario en torno al arte y a la política en Rosario y en Latinoamérica. Con la participaron del Museo de la Memoria, la Facultad de Humanidades y Artes (UNR), y el Centro de Expresiones Contemporáneas. Conjunto de rituales contemporáneos registradas en video. 

Artista: Pierre Valls. 
Curadores: Roberto Echen, Pablo Silvestri.
Año: 2015







Texto

EL ARTE DE COCINAR


Como se dice el arte de curar (incluso como título: “Profesionales del arte de curar”).
Cocinar es algo que hago con tanta pasión y que me implica y compromete a la hora de exponerlo a la experiencia de los otros como cualquier producción artística. Y esto aun cuando haya tomado las recetas de libros o publicaciones o las haya googleado; cosa que en general se ha pensado históricamente (desde una historia que todavía nos retiene) como contraria a la “originalidad creadora” del artista.
Sólo unas noches atrás (para celebrar el cumpleaños de mi esposa) cociné un “risotto alla milanese con ossobuco” tomado de un libro de cocina italiana, que debo reconocer me salió exquisito.

Pero.
Si se trata de cocinar otra cosa, algo que no siempre se le puede ofrecer a cualquier persona y que tampoco es habitual que se ofrezca gratuitamente.
Si –como ya se puede intuir de lo anterior– el producto de esa cocina no es precisamente legal.
Si esa cocina debe ser hecha en espacios escondidos (como sótanos o lugares recónditos) para que no sea descubierta.

Si la sustancia obtenida oscila en el imaginario popular entre un producto divino y un arma del demonio.
Entre el deseo y la repulsión.

Por otro lado.
Una sustancia que pone a Latinoamérica a competir (cosa que nunca había podido hacer) con los mercados estadounidenses (y, por si fuera poco, en los mismísimos Estados Unidos de América).
Una sustancia que lleva las metodologías capitalistas a sus extremos más insoportables social y políticamente.

También.
El ingrediente que logró hacer masiva y mundialmente conocida a la bebida cola que toma de él su nombre.
Un elemento utilizado por la medicina y el psicoanálisis.

Hasta no hace mucho tiempo se hablaba de la “cocina de la pintura”. Señores autorizados decían cosas como que no se puede ser pintor si no se conoce a fondo “la cocina de la pintura” mientras te miraban con una mirada despectiva y pasada de moda.

Pero.
Cuál es el sentido de abordar esa acción desde el campo del arte. Por qué desde el arte se podría pensar como hecho susceptible de pertenecer a su campo, de ser llevado a su esfera, este modo de producir que se sitúa en los límites de lo legal.

¿Tendrá que ver con ese borde de ilegalidad que al arte le resulta muchas veces tan atractivo como modo de (re)situar, de (re)pensar ciertas cosas que nos involucran socialmente desprendiéndonos de los prejuicios desde los que habíamos construido esos objetos, esas acciones?

(También podría ser que Pierre Valls lo haga para darle la razón a mi abuela que opinaba que los artistas eran medio “degenerados”)

Antecedentes hay –y muy específicos. Hélio Oiticica transformó esa sustancia (me gusta ese término que remite a informe policial) en eje de su producción justamente por ser el elemento que Latinoamérica podía oponer al sometimiento económico por parte de EUA.

En todo caso.
Mostrar un ritual contemporáneo, exponerlo en su desnudez bella y/u obscena, compartir con otros lo que –de no estar desplazado de su lugar constitutivo, corrido de su significación intrínseca– sería lo opuesto de un acto público, de un espacio de participación para darnos a ver(nos) y a pensar(nos), eso (tal vez, aquí y ahora) es a lo que todavía (no sin conflictos ni contradicciones) podamos seguir llamando arte.


Roberto Echen
Rosario, 15 de junio de 2015